Un acorde para una fácil comparación. En guitarra, por ejemplo, hay que pisar cada una de las cuerdas en un punto exacto para que, al unísono, tocar a la vez cada una de ellas, se consiga una micromelodia, o un sentimiento. Cada una de las cuerdas tiene un sonido propio, esté como esté afinada, ya que cada una de las cuerdas tiene un grosor distinto - importancia -. Incluso una sola de ellas puede componer un acorde, o una melodía - puede recitar una vida y hacer su papel, y el de todas -, pero nada comparado al poder, a la fuerza de la unión de todas por un mismo fin. 

A veces, una de las cuerdas se afloja, se  destensa y cambia de tono - sentimiento -, y aunque pienses que no es tan importante ya que quedan otras cinco que pueden realizar su papel - realidad, a más no ver -, es importante conocer cuál es su momento, y cuál será. Es posible que haya sido la más prescindible hasta ahora, pero nunca sabes que siguiente melodía aparecerá en cualquier momento - conocimiento -, y por tanto, cuanto podrá aguantar sin romperse.

Así pues, llega el momento de que todas dejen de sonar, de que vuelva el silencio absoluto del principio para que esta “nueva” cuerda pueda alcanzar su sonido de nuevo. Habrá que recuperar su tensión, su fuerza, su vitalidad y sobre todo, su afinado - control -. 

Y una vez que la vibración de cada una consiga crear un armónico al unísono, brillante, las ondas del agua que rodea el mástil, se calmarán.

(Parece que todo es fuerza y valentía a la hora de conseguir un fin, sin embargo más de una vez entran en escena actores que zambalean al protagonista, tapándole los ojos y dándole vueltas, para después soltarlo y todos desaparecer. ¿De verdad es justo?. No importa.)

Un acorde para una fácil comparación. En guitarra, por ejemplo, hay que pisar cada una de las cuerdas en un punto exacto para que, al unísono, tocar a la vez cada una de ellas, se consiga una micromelodia, o un sentimiento. Cada una de las cuerdas tiene un sonido propio, esté como esté afinada, ya que cada una de las cuerdas tiene un grosor distinto - importancia -. Incluso una sola de ellas puede componer un acorde, o una melodía - puede recitar una vida y hacer su papel, y el de todas -, pero nada comparado al poder, a la fuerza de la unión de todas por un mismo fin.

A veces, una de las cuerdas se afloja, se destensa y cambia de tono - sentimiento -, y aunque pienses que no es tan importante ya que quedan otras cinco que pueden realizar su papel - realidad, a más no ver -, es importante conocer cuál es su momento, y cuál será. Es posible que haya sido la más prescindible hasta ahora, pero nunca sabes que siguiente melodía aparecerá en cualquier momento - conocimiento -, y por tanto, cuanto podrá aguantar sin romperse.

Así pues, llega el momento de que todas dejen de sonar, de que vuelva el silencio absoluto del principio para que esta “nueva” cuerda pueda alcanzar su sonido de nuevo. Habrá que recuperar su tensión, su fuerza, su vitalidad y sobre todo, su afinado - control -.

Y una vez que la vibración de cada una consiga crear un armónico al unísono, brillante, las ondas del agua que rodea el mástil, se calmarán.

(Parece que todo es fuerza y valentía a la hora de conseguir un fin, sin embargo más de una vez entran en escena actores que zambalean al protagonista, tapándole los ojos y dándole vueltas, para después soltarlo y todos desaparecer. ¿De verdad es justo?. No importa.)